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“En los calabozos nos dijeron que nos iban a mandar a chupar pollas a la cárcel de dos a seis años”

Diego, uno de los seis detenidos en Antas a consecuencia de unos incidentes que la prensa ha etiquetado como "odio y racismo" cuenta su versión: "El juez sólo nos acusa de daños y amenazas. Una cosa es ser un poco gamberros y otra muy distinta odiar a toda una raza”


Diego, uno de los detenidos en Antas habló para ACTUALIDAD ALMANZORA
Miguel Ángel Sánchez / Javier Irigaray / 25·02·2015

“Todo fue una pelea de niños en la que la otra parte eran extranjeros”. Esa es la versión de Diego, uno de los seis detenidos en Antas a consecuencia de unos incidentes que han dado la vuelta a España aderezados con unos titulares que hablan de odio y racismo, dos extremos que los implicados niegan rotundamente: “El juez sólo nos acusa de daños y amenazas”, aclara el muchacho. Y añade: “Una cosa es ser un poco gamberros y otra muy distinta odiar a toda una raza”.

Diego tiene 22 años y trabaja en un puesto ambulante de venta de frutas y hortalizas en los mercados. Es uno de los cuatro mayores de edad detenidos el pasado sábado 30 de enero en Antas junto a otros dos menores, todos ellos vecinos de la localidad. La Policía Judicial les acusó, en principio, de odio y racismo, y toda la prensa les señaló como presuntos autores de unas pintadas de símbolos nazis y frases como ‘Adolf Hitler tenía razón’. Al final, tras 40 horas en los calabozos, el juez ha abierto instrucción contra ellos por presuntos delitos de daños y amenazas.
- ¿Cómo estáis viviendo estos días?
- Sorprendidos de que una cosa de niños acabara con seis personas detenidas, dos de ellas menores de edad, pasando un fin de semana entero en los calabozos, y que al salir pensando que todo había acabado nos encontráramos con que la prensa nos hubiera negado el derecho a la presunción de inocencia y nos acusara de cargos que no son ciertos ni tienen fundamento alguno.
- ¿Por qué sucedió este altercado?
- En primer lugar quiero dejar claro que, aunque es cierto que el problema se ha suscitado entre gente del norte de África y españoles de Antas, las cosas no han sido como se han dado a entender. Dicen que hemos realizado pintadas en la casa de una familia magrebí y eso no es cierto.
- Dices “una familia magrebí” ¿no la consideráis de Antas?
- Ni sí ni no. Si a mí me dicen español no me puedo ofender. Hay muchachos de ese entorno que forman parte de nuestro círculo. Antas es un pueblo muy pequeño, todos nos encontramos en la misma zona y pasamos las tardes juntos.
- Os habéis relacionado desde pequeños.
- Con estos concretamente desde hace menos de dos años, cuando llegaron aquí. A algunos ni siquiera los conozco. Como por ejemplo a un niño de 16 años, del que tengo una orden de alejamiento y ni sé quién es ni cómo se llama. Es posible que esté a mi lado, yo no sepa que tengo que salir corriendo cien metros y venga la Guardia Civil a encerrarme sin que yo sepa por qué.
- ¿Habíais tenido alguna fricción anterior con estos chicos?
- Nunca. Venían con nosotros para jugar al fútbol o pasar la tarde en la plaza. Jamás habíamos tenido problemas por cuestión de religión, cultura o forma de pensar. Incluso entre los seis que fuimos detenidos, cada uno tiene su forma de pensar y sus simpatías políticas distintas.
- Es decir, que no existía ningún tipo de rechazo.
- En absoluto. Muchas de las acusaciones que nos hacen son totalmente falsas. Nos acusan de hacer pintadas racistas en la casa de un niño marroquí y eso es mentira. Cualquiera puede ir a ver su casa y comprobar que no hay ninguna pintada.
- ¿Qué te gustaría desmentir?
- Yo he leído en la prensa que habíamos pintado la casa de esta gente, que le habíamos lanzado cócteles molotov, les habíamos quemado la casa, amenazado y pegado. Decían que éramos una banda criminal neonazi, muy radicales, agresivos e intolerantes.
- ¿Y qué hay de cierto en todo eso?
- Nada. La historia arranca en una pelea que tuvo lugar en el Instituto Azahar de Antas entre dos menores, uno de Antas y otro magrebí. Discutieron acerca de los ‘famosos’ ‘cócteles molotov’. Es algo que viene de atrás y que la Guardia Civil de Garrucha ha querido aprovechar para hacernos una encerrona manipulándolo todo e intentando cargarnos a nosotros todo lo que no han sido capaces de resolver, como si nosotros hiciéramos eso por odio racista.
- ¿Hacéis cócteles molotov en Antas?
- No son exactamente cócteles molotov. Es algo que hacen los niños de 14 y 15 años desde siempre para jugar. Yo también lo he hecho. Cogíamos una botella de agua, la llenábamos por la mitad de aguarrás, le echábamos 15 bolitas de papel de aluminio y, al agitarla, revienta.
- ¿No tiraríais eso a la cabeza de nadie?
- Ni a una casa. Eso lo tiramos en mitad de la calle y, como en Antas son muy estrechas, retumba una barbaridad. El único fin es molestar a los vecinos, independientemente de su raza. Son gamberradas propias de zagales. Como ir tocando timbres.
- No creo que sea lo mismo tocar timbres que explotar una botella de ésas.
- Sí, puede ser un tanto exagerado. Ni somos santos del evangelio ni los más buenos del mundo. Nosotros sabemos qué ha pasado y quiero que la gente conozca la verdad. Una cosa es ser un poco gamberros y otra muy distinta odiar a una raza. Esto era una cosa de niños que arranca en un asunto bastante serio. Es algo que yo denuncié a la Policía Local de Antas y creo que los niños a la Guardia Civil.
- ¿Te refieres a los dos menores detenidos?
- No, se trata de otros más pequeños aún, de 14 y 15 años. Todo empezó porque dos muchachos magrebíes que no tienen nada que ver con esto, extorsionaban a los niños pequeños. Les pedían 100 euros amenazándoles, si no se los daban, con violar a sus hermanas, matar a sus madres o pegarles una paliza. Cuando lo supe lo puse en conocimiento de la Policía Local de Antas para que hablaran con los padres de esos muchachos y les llamaran la atención, pero me dijeron que yo no era quién para denunciar eso, que tenía que hacerlo el menor, y los niños tenían miedo de contar nada a la policía o a sus madres por temor a que los abusones se enterasen y pudieran ejercer alguna represalia.
- ¿Desde cuándo ocurría esto?
- Desde hace dos meses. Así han llegado a robar unos 900 euros. Está denunciado a la Guardia Civil.
- ¿Llegaron a darles 900 euros a los “abusones”?
- Sí. En dos meses.
- ¿Y dices que la Policía Local se ha inhibido?
- Así es. Cuando les dije lo que estaba pasando me preguntaron si era uno que iba con muletas. Lo conocían y sabían que no era ningún santo, pero no fueron ni siquiera a hablar con sus padres o con los del niño. Ni siquiera con el propio menor para comprobar si era verdad lo que yo les estaba diciendo y mostrarle su apoyo.
- ¿Con qué agente hablaste?
- Prefiero no decirlo. Luego, los niños fueron con sus padres a la Policía y los mandaron a la Guardia Civil de Vera. Se desentendieron del asunto.
- ¿Sólo había un “extorsionador”?
- Había más, pero sólo hay pruebas contra uno porque le quitó el móvil a un niño y gracias al teléfono la Guardia Civil pudo avanzar en la investigación. Este chico es mayor de edad, pero no trabaja. Es conocido. Cuando vino a Antas desde el Poniente, una de las primeras cosas que hizo fue sacarle una navaja a una mujer mayor para robarle y se llevó la sorpresa de que la señora se defendió, le golpeó con el bolso y tuvo que salir corriendo. A partir de las extorsiones los niños empezaron a tirar bombas de aguarrás, pero no a las casas, sino en la calle donde vivían los que se metían con ellos. Se trataba de molestar.
Al día siguiente hubo una pelea en el Instituto. El chico al que tiraban las bombas delante de su casa recriminó a uno de los menores detenidos. Y éste se defendió diciéndole que él no tenía nada que ver, que él estaba en otro sitio ese día, y la cosa no llegó a más. Un par de empujones y el típico intercambio de frases y acusaciones sin llegar a las manos. Después de esto, llegaron al Instituto cinco marroquíes en su busca a la salida de clase y le increparon fuera del centro, a él y a otro menor que estaba montado en su moto para irse a casa, y se fue sin hacerles caso. Los magrebíes siguieron al que vive en el pueblo empujándole, levantándole la mochila para intentar que el peso le tirara al suelo al dejarla caer e insultándole hasta llegar a la heladería Marypa.
- ¿Eso lo viste tú?
- Yo no estaba pero me lo han contado. Era a la salida del Instituto y allí había más de cien personas. Debieron verlo por lo menos 50. La Guardia Civil sólo tenía que haber preguntado a algunos para hacer bien su trabajo, porque hay muchísimos testigos.
- ¿Los agresores eran mayores de edad?
- De los cinco, tres sí eran mayores, uno alumno del Instituto. Los otros dos son menores. Al llegar a la heladería, los cinco magrebíes rodearon al menor y uno de ellos le sacó una navaja. La suerte es que el camarero salió gritando que había llamado a la Policía que estaba en el colegio y que ya subían hacia allí. Al oír eso, los agresores se fueron corriendo.
Por la tarde nos contaron lo que había pasado, llamamos al chico para ver cómo estaba y se vino adonde estábamos todos, incluyendo a otros amigos originarios de fuera de España.
- Y entonces montáis la expedición…
- Es en ese momento cuando nos ponen al corriente de las extorsiones y todo lo que estaba pasando. Fuimos a casa de uno de esos cinco a pedir explicaciones y nuestro amigo, al ver salir al otro, le dijo “pégame ahora”. El magrebí se reía y le vacilaba. Le contestó “mañana a las tres”. Yo estaba a su lado y le dije que no era cuestión de dejar nada para mañana, que se viniera conmigo y solucionábamos la cosa entre hombres de igual tamaño, que no hacía falta ir asustando niños entre cinco, que eso es de cobardes. Y más aún con navajas de por medio. El morillo seguía riéndose y yo le dije que supiera que si ellos tenían navajas, nosotros teníamos gasolina. En ese punto, nosotros nos fuimos y el marroquí se quedó riéndose. Estábamos explicándole a los vecinos lo que había pasado cuando llegó un magrebí amigo nuestro, primo de uno de los del grupo antagonista, le contamos lo que pasaba y él nos dijo que estaba al corriente y que, de hecho, le había pegado un pescozón a su primo para que se dejara de tonterías. Esto fue el miércoles 27 de enero.
- ¿Y tú cuándo diste cuenta de lo que pasaba a la Policía del pueblo?
- Creo que un día antes. Tal vez dos. Le dije a la Policía Municipal que fueran a la salida del Instituto para ver lo que pasaba allí, y fue cuando me dijeron que yo no era nadie para denunciar eso. Miércoles, jueves y viernes transcurren con total normalidad, hasta que el sábado a las cuatro de la tarde apareció la Policía Judicial de Garrucha en el pub del pueblo y detuvieron a una persona. Los amigos me llamaron por teléfono para decírmelo. Yo pensaba que no podía estar pasando. Se montó un peliculón para detenernos, de cara a la pared, las manos atrás... A mí me dijeron que tenía que estar en el cuartel antes de las ocho de la tarde. Todavía sigo sin comprender por qué se nos detuvo. Ni para detener al Chapo Guzmán se monta una operación como la que organizaron para arrestar a seis muchachos de Antas. Intentaron acusarnos de delitos de odio y racismo, gritándonos que nos iban a enviar a chupar pollas a la cárcel, faltando al respeto a los menores delante de sus padres...
- ¿Eso en Garrucha?
- Sí, en los calabozos de Garrucha. Pidieron una orden especial para poder retener a los dos menores porque, al parecer, es ilegal retener a un menor en un calabozo. O los mandan a un reformatorio o los dejan en la calle. Pidieron una orden especial a la Fiscalía del Menor. Ahora pienso que he estado 40 horas en el calabozo...
- ¿En Garrucha?
- Veintitantas en Garrucha y el resto en el de la Policía Local de Vera. Hemos hecho ‘turismo’. Una ‘ruta turística guiada’ sin llevarnos ante el juez hasta el lunes. Mientras tanto, la Policía no nos sometió a un interrogatorio formal. A mí, el sargento me decía que éramos nazis, fascistas, que iban a por nosotros, que nos tenían investigados y lo sabían todo. Me preguntaba que si es que no me gustaban los marroquíes y yo le contestaba que no tenía ningún fundamento en lo que me estaba diciendo, que tengo amigos marroquíes. Pero ni nos dejaban explicarnos ni nos decían por qué nos habían detenido. Pedimos ver a nuestro abogado y no nos lo permitieron hasta el domingo por la mañana. No nos decían de qué nos acusaban, se limitaban a decirnos que éramos una banda criminal de neonazis que íbamos faltando el respeto a los marroquíes por el mero hecho de serlo. Sandeces sin pies ni cabeza. Nos dijeron que no podíamos ver a nuestros abogados porque eran de oficio y nos habían asignado el mismo a dos de nosotros, algo que no podía ser y, por eso, nos lo iban a cambiar. Nuestra sorpresa fue que el domingo nos encontramos con el mismo abogado para los dos, de lo que dedujimos que el sábado no pudimos tener defensa porque la policía no quiso.
- ¿Os impusieron un abogado de oficio pudiendo tener el vuestro?
- No. Nosotros sabíamos que no habíamos hecho nada, que éramos inocentes, y no estimamos necesario tener ese gasto.
- ¿Y vuestros padres qué?
- Imagínese usted. Yo le dije a mis abuelos que tenía que ir a la comisaría para quedarme detenido. Figúrese.
- ¿Los llamaste?
- No, fui a decírselo. Cuando fueron a detenerme yo estaba trabajando, así que me llamaron por teléfono y me dijeron que me presentara en el cuartel antes de las 20:00 para ser detenido o me ponían en busca y captura. A partir de la detención, ya nadie sabía nada. Mis abuelos, mis padres y algunos amigos se presentaron en el cuartel para interesarse por mí, pero si a mí no me decían nada, imagínese lo que podrían haberle dicho a los que estaban afuera. Nadie sabía nada.
- ¿Estabais allí mayores y menores?
- No. Primero nos detuvieron a los mayores de edad. A uno se lo llevaron directamente a los calabozos de la Policía Local de Vera, solo, y a los demás nos retuvieron en los del Cuartel de la Guardia Civil de Garrucha.
- Al final, ¿de qué estáis acusados?
- De un delito de daños y amenazas por los famosos ‘cócteles molotov’ de los niños que, por cierto, fueron a declarar al cuartel que habían sido ellos. En cuanto a lo de las amenazas, podría llegar a entender que me acusaran a mí, que fui quien habló, pero han detenido a otras cinco personas que no abrieron la boca en ningún momento, de los que cuatro, además, no tuvieron nada que ver en todo esto, que simplemente estaban viendo el ‘espectáculo’.
- Y una orden de alejamiento.
- Yo, concretamente, tengo una orden de alejamiento de dos personas. Conozco a una. A la otra no. Podría estar aquí ahora mismo y, sin saberlo, estaría incumpliendo la orden.
No somos santos, pero es totalmente desproporcionado que se nos haya detenido por unas acusaciones de odio y racismo que se han desechado a las 40 horas, sin llegar tan siquiera a juicio. El sábado fue muy duro. La policía no hacía nada más que repetirnos que iríamos de dos a seis años a la cárcel, pero no nos decían por qué. Esa situación, encerrado en un metro cuadrado con una rejilla es muy estresante. Ahora sales y lo ves todo muy surrealista. Cuesta entender que todo viene de una pelea de niños en la que hemos tenido la mala suerte de que la otra parte sean extranjeros.
- ¿Te has visto envuelto en problemas de este tipo con anterioridad?
- Bueno, hace unos años me denunciaron por haber participado en una pelea con una gente de Vera. Estábamos de fiesta en Mojácar y el alcohol derivó una discusión en pelea. Yo fui de los pocos que salió absuelto. Estaba por allí, pero no participé en la pelea.
- Decís que las fotos de las pintadas que salen en los periódicos son falsas.
- Las pintadas que aparecen en los periódicos ni siquiera están en Antas, sino en Garrucha. Tampoco somos ninguno de los detenidos los que aparecen en las fotos.
- Habéis sacado en Facebook un escrito bastante fuerte. ¿Va dirigido a alguien en concreto?
- Sí, lo escribí yo. Va dirigido a la gente del pueblo que empezó a lanzar bulos. A todos ésos que van diciendo que se trata de un ajuste de cuentas por temas de drogas, que le habíamos pegado una paliza a un chico que está aún hospitalizado... Igual usé en facebook algunas expresiones demasiado fuertes, pero estaba todavía muy caliente. Hoy escribiría lo mismo, pero sí reconozco que cambiaría unas cuantas expresiones.
- ¿Qué piensas de quienes no son como tú?
- Ni bien ni mal. Yo amo mi cultura, pero amar lo mío no significa que odie lo demás. No voy pegando a marroquíes por las calles. Tengo muchos amigos entre ellos. Uno de mis mejores amigos es ecuatoriano.
- Entonces el problema surge porque tú asumes el papel de defensor de un menor ante un mayor que abusaba de él.
- Exacto. Nosotros nos limitamos a defender a unos amigos, que son menores de edad, de unos mayores que los estaban extorsionando, que en este caso eran marroquíes, pero lo hubiéramos hecho igual de haber sido españoles, ingleses, rusos o argentinos. Yo creo que ese día algún policía acababa de ver la película ‘Diario de un skin’ y estaba demasiado motivado.

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